martes, 14 de agosto de 2007

Cochina Envidia


Miami, USA. 2007

¡Maldita sea! No es que me guste maldecir. Para nada. Tampoco es que acostumbre a escribir sobre trivialidades vividas. Para nada. Escribo sólo si me encuentro sumergida en el foso profundo de mis melancolías. No importa. Hoy escribo llena de envidia. Pero cómo no estarlo.
Pasan con su anchota sonrisa dibujada en el rostro. Ellos lo saben y lo disfrutan. Cómo gozan con la envidia que inspiran. Están en todas partes, en las farmacias, en los automercados, en los centro comerciales, en las calles, en las clínicas, en las plazas – malditas plazas – en tú casa. Están donde les da la gana. ¡Malditos!
La maldición va con todos: con los catires, los morenos, los pelirrojos, los malcriados, los consentidos, los tiernos, los futuros próceres – de cualquier maldita plaza – los poetas, los superdotados, los brutos, los encantadores, los malvados… con todos en general. Sin distinción de razas ni edades. Esto va hasta con mi hermana Isabella. Sin remordimiento de conciencia alguno, la maldigo. Así, con mi cara muy lavada igualita a la que airean ellos en sus desplazamientos furtivos. Una desgracia que comparto con mi generación y las anteriores.
La envidia mata el alma y la envenena. ¡Qué me envenene! Sería inhumano no sentir envidia. Lo siento, qué Dios sea misericordioso y me libre de mis yerros. ¿Qué culpa he de tener en esta envidia errada, si son ellos los que se me cruzan a donde quiera que vaya? Sabrá Dios hasta cuándo les durará el jueguito y el bochinche. Malditos.
¿Yo maldiciendo? ¿Quién lo hubiese imaginado? Nadie. Ni yo misma. Aún así, ni un gramo de culpabilidad se proyecta en mi cabeza cuando los miro, con todo el deseo de que se tropiecen con cualquier perol y caigan (como quien dice: “de platanazo”) directo al suelo. Sería fantástico. ¡Qué lástima que todavía no he contado con la suerte de poder presenciar el dulce porrazo de alguno de esos egoístas!
Yo los colocaría perversamente en un largo y ancho pasillo, uno detrás del otro, bien juntitos – como fichas de dominó – luego los empujaría y los vería caer uno tras otro. Como quien da una lección nacista. De nuevo: ¡Dios perdona mi odio repentino, capaz de crecer como la maleza dentro de mi noble ser!
Cómo no envidiar. Es la comodidad que ofrecen, la simpleza de su diseño, la confortabilidad que prestan, el entretenimiento que proporcionan, la alegría, el reforzamiento a la flojera descarada, son tantas las cualidades que alimentan mi amargura.
¿Por qué a mí? Por qué tuve que crecer. Por qué formar parte de una generación que se vería idiota encima de uno de esos zapatos con ruedas veloces incorporadas. Si fuese niñita me compraría un par de ellos y sería feliz. Acompañaría a mi mamá, sin chistar, a hacer aburridas diligencias; porque sabría que no existiría lugar del planeta donde cupiese el aburrimiento. Sería inmensamente feliz, como Isabella y los otros malditos niños del planeta. Esos que tuvieron la suerte de poder portar un par de "Heelys". Un descubrimiento básico, sin tanta tecnología Ipod, que se les ocurrió, un poco tarde, a los descarados inventores. ¡Tenía que ser primero el celular y las computadoras! Pues, muchas gracias por "joder el parque" a generaciones pasadas. ¡Malditos!
No se puede mostrar la imagen “http://www.flywalk.co.uk/heelys.jpg” porque contiene errores.

http://z.about.com/d/kidsfashion/1/5/I/3/HeeleysBliss2.jpg

14 comentarios:

Leo Felipe Campos dijo...

La rueda se inventó hace tanto que no hace falta ni la fecha. Pobre hermanita moderna, yo estoy seguro que ella, aun con sus zapatos rodantes, con ese viento que la despeina y esa sonrisa de felicidad, siente aburrimiento y dice: O my god! I'm sooooo bored.

Está bien que envidies, te envenenes y te mates, viejita prematura, total, a Romeo y a Julieta no les fue tan mal, después de todo. Pero no maldigas tanto. Cualquiera creería que pasó alguien rodando con unos Heelys a tu lado y te mojó con un charquito de agua sucia.

¿Te he dicho que te amo?

Laura Strazzaboschi dijo...

Veroooooo que fino ncontrar un comment tuyo en mi blog! Welcome to the Happy hour! jajaja... Obvio que lo primero que hice despues de leer tu comment fue venir a visitarte... Y me encuentro con esta PERLA!!! No sabes lo que te entiendo. Yo tambien los maldigo cada vez que me pasan por al lado. Como aqui no los venden (Los Heelys) no he ido a ver si existe mi talla, pero aprovecha, quizas, solo quizas, encuentres tu talla jajaja... Y entonces no tendrás que maldecir tanto y pues yo te maldiré a ti!!! Te adoroooo mi Verito Bellaaa! Ya te linkee!! Muaksss, si los consigues me avisasss!!!

Ani Sosa dijo...

Hellooo sweetie!! hasta que porfin escribiste algo nuevo, jajajja, me encantó, qué cómica!!!! ya estoy esperando a ver en qué estas trabajando ahora, que fino mi vero love yaaaaaaaaa

eusucre dijo...

Veritoo!
Glad you are back!
Jeje.. muy bueno esto!

besos
eu.

Martina dijo...

cuando sientas ganas de ir al centro comercial y meterle zancadillas a los pequenos demonios en ruedas, avisame...y plomo con eso! jajaja nos vemos vero, chuao.

Kira dijo...

Hola Vero, gracias por tu comentario en mi blog... Me gusta el tuyo también. Te escribo en esto días.

Isabella dijo...

Haha.
What a good article.
Too bad for you!
>:D

Buahaha
You can't use heelies!

César dijo...

Me he reido mucho con este post (quiza por tener la misma envidia que tu) jejeje

Pasare por aqui mas seguido

Gabriel Noe dijo...

Yo creo ke deberias enfocar tu ira hacia los productores de estos maldtos zapatos, porke no los hacen en tu talla?
Pero entiendo de ke no se trata de los zapatos, sino del hecho de ya no ser niños y no poder jugar con tal libertada y despreocupacion, sea con los zapatos o con el juguete de moda.
Me encantó tu forma de escribir y gracias por visitar mi blog, espero continue el intercambio chau chau

V|cKyL@nd dijo...

Sucede q mi sobrino es una de estas apocalípticas criaturitas que pasan rodandito a tu lado, con los dedos llenos de pepito volviendo un asco los botoncitos de ese gameboy cuyos jueguitos tienen nombres impronunciables... ¿ajap?.. de esos!.... sumado además con un tamaño desproporcionadamente grande para su edad (no se por qué los niños crecen tanto), cosa que permitió que los malditos zapaticos me quedaran a la pefección...todo normal, como se estila.... hasta el momento en el que decidó aprender... Vero es IMPOSIBLE, es una cosa dificilísima....no lo hagas, te sentirás más frustrada aún...maldita sea también la vejez!!!...

PD: Usaste ese bajo recurso en yahoo mail para atrapa mi anteción y obligarme a leerte :( ....AHORA LÉEME TU A MI...Fantocheblog... es un lindo sitio! :) jajaja mentira, pero, algo es algo.

Vicky (vickyvickyvickyvicky)

Andreína Romero dijo...

Hola Vero! Gracias por tu comment!
Desde ya linkeada en mi blogspot!

Jajaja!
Estoy de acuerdo con Vicky... a mis 24 añitos (llena de envidia por esos pequeños demonios veloces en sus zapa-patín o zapatín heelys o whatever) decidí montarme en unos a ver qué tal...

INSISTO: no practiquen esto en sus casas! Muy difícil...se requiere de la osadía e inocencia de un ingenuo carajito para no tener miedo a una caida de "platanazo".

Keep blogging!

Osiris dijo...

Como es la vida, un dia antes de mi cumple y entro aqui por razones de mis pensamientos...que injusta la vida...mira que dejar corazones vacios y amores tirarlos al viento.
De que esta lleno este momento...y decir que lo leido antes no es cuento, el alma, corazon y vida; quien pudiera ser aquella que robo de tu corazon todo ese sentimiento!!!
Envidia! si envidia! que no diera por se amada de esta manera y poder decirle al mundo, que ha valido la pena!

Besotesss

Rubén Machaen dijo...

Excelente post!!! frustraciones post infancia!

Anónimo dijo...

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